Costa Rica y Ecuador se han convertido en un ejemplo de dos economías en desarrollo con relaciones comerciales en constante crecimiento.

Según el informe de McKinsey & Company denominado “Geopolítica y geometría del comercio global; actualización hasta 2025”, América Latina, en particular Brasil y México, han sido los principales receptores naturales de la reorientación comercial entre Estados Unidos y China.
En los últimos años, Brasil ha fortalecido su comercio con economías de todo el mundo, mientras que México ha incrementado su participación en las exportaciones estadounidenses, beneficiándose del fenómeno del nearshoring.
China, por ejemplo, ha pasado de depender de mercados desarrollados, a realizar la mayor parte de su comercio con países emergentes, sobre todo los asiáticos. Para América Latina, esto significa que la diversificación de sus socios comerciales ya no es una opción, sino una necesidad.
Este cambio en la configuración del comercio global se ve reflejado no solo en las economías más avanzadas, sino también en las que están en desarrollo. Por ejemplo, el crecimiento del comercio con China ha sido más rápido en países como Ecuador y Costa Rica, que registraron tasas de crecimiento del intercambio comercial de casi un 20% anual.
El desafío, a la vez, se ha convertido en una oportunidad. Por un lado, la región tiene el potencial de consolidarse como un socio comercial clave para las economías que buscan diversificar sus fuentes de importación y exportación. Por otro lado, este proceso abre la puerta a una transformación estructural que, si se gestiona estratégicamente, permitirá generar beneficios sostenibles a largo plazo.

Uno de los principales desafíos de la región es convertir su riqueza en recursos naturales en una plataforma para el crecimiento sostenible. La demanda global de materias primas sigue siendo un motor clave del comercio y América Latina tiene la oportunidad de aprovechar este impulso para avanzar en la industrialización y la diversificación de sus exportaciones.
Al agregar valor a sus productos, la región puede fortalecer su posición en el mercado global y construir relaciones comerciales más equilibradas y beneficiosas a largo plazo.
La regulación, se ha convertido en un área clave con gran potencial de mejora, aunque América Latina enfrenta uno de los entornos regulatorios más complejos del mundo, optimizar sus marcos normativos puede convertirse en un motor para atraer inversión extranjera y fortalecer el desarrollo local.
El comercio global está evolucionando y América Latina tiene una oportunidad única para fortalecer su posición en la economía mundial. Para maximizar estos beneficios, es clave apostar por una estrategia sólida basada en la diversificación, la modernización de infraestructuras y una política comercial dinámica y bien negociada. Con un enfoque visionario, la región puede convertir los cambios actuales en un motor de crecimiento sostenido y mayor competitividad global.
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